Lectura 47

El Templo de Dios

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 ¡Cuan amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 

Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para si, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejecitos, Rey mío, y Dios mío. 

Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabaran. Selah.

Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. 

Atravesando el valle de lagrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques.

Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion.  

Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración; escucha, oh Dios de Jacob. Selah. 

Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 

Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar en la puerta de la casa de mi Dios que habitar en las moradas de maldad.

Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitara el bien a los que andan en integridad. 

Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

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Salmos 84